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EL MUSEO PUEYRREDÓN PRESENTA LA MUESTRA “HABÍA UNA VEZ UN MUNDO SIN CANILLAS”

El aljibe, el jagüel y el molino representados en dispositivos en clave actual por el artista Joaquín Fargas

una muestra permanente para pensar la relación del hombre con el agua en el siglo XIX y proyectar hacia el futuro

La Subsecretaría General de Cultura de San Isidro inaugurará el sábado 4 de septiembre en el Museo Pueyrredón la muestra permanente “Había una vez un mundo sin canillas”, que invita a conocer cómo los habitantes de esa quinta se relacionaban con el agua en el siglo XIX. Toda una experiencia sensorial, física y emocional a partir de obras del artista contemporáneo e ingeniero Joaquín Fargas, dirigida a todas las edades. Una oportunidad para pensar también los modos actuales de vincularnos con ese recurso natural, vital y cada vez más escaso.

“Esta muestra permanente apuesta a la experimentación y es el fiel reflejo de un museo que sigue curioso, revisa todo el tiempo sus procesos y no se conforma. Luego de investigar el tema de la esclavización y el de la chacra como unidad productiva, y de realizar excavaciones arqueológicas, nos planteamos ahondar en los usos del agua en aquel tiempo y en este lugar”.

ELEONORA JAUREGUIBERRY, subsecretaria general de Cultura de San Isidro.

¿Cómo era la relación con el agua en el siglo XIX?, se preguntaron en el seno del museo. La respuesta está en este experimento para el que se convocó “a un artista capaz de recrear poéticamente la experiencia de estar vivo en ese siglo y comprender los desafíos tecnológicos que enfrentó esa sociedad. Una muestra que no es convencional ni tiene ningún nivel de espectacularidad –agregó Jaureguiberry-, pero que sin duda nos invita a pensar en un tema muy actual como es la administración de los recursos naturales y el cuidado del planeta”.

El recorrido comienza por el aljibe del Patio de los Naranjos que ofrece valiosa información sobre cómo era la vida en la chacra y el modo de obtención y conservación del agua como insumo esencial. En una sala próxima, un sensor pone en marcha un circuito cerrado de agua para emular su funcionamiento. Agua que cae, circula por cañerías de chapa de zinc con sectores a la vista y llega a un tanque de hierro galvanizado para cerrar una experiencia inmersiva, visual, auditiva y emocional que refleja al aljibe de un modo metafórico, abstracto y contemporáneo.

Y del aljibe, que se abastecía con el agua de lluvia, pasamos al jagüel que está en el parque y se usaba para recoger agua de las napas subterráneas. Con este artefacto, el esfuerzo del hombre se reemplazaba por el del caballo. Allí, Fargas construyó una estructura de hierro con un sistema de polea simple y un aparejo diferencial de seis poleas para que el visitante tire de sogas que elevan dos bolsas de igual peso y comprobar con la propia experiencia este diferencial de fuerzas.

Donde se estima funcionó el molino de viento, cerca de la Casa de los Chacareros, el artista armó el suyo (y el de todos). Astas y cola en hierro galvanizado y una estructura de casi cinco metros de alto en bambú, una  planta de alta resistencia y totalmente renovable que le gusta y suele usar porque representa la enorme capacidad de adaptación de la naturaleza. Una herramienta que se independiza de la tracción a sangre para usar la energía eólica, y conecta el pasado, el presente y el futuro.

“Estos dispositivos, y otros espacios vinculados al agua, se organizan en un recorrido que revela las estrategias que en el siglo XIX se usaban para gestionar el agua de la mejor manera. Una búsqueda ancestral del hombre por hacer idéntico trabajo con el menor esfuerzo y tiempo posible”

CECILIA LEBRERO, Gestión de Colecciones del Museo Pueyrredón.

El río, otro recurso de agua muy presente en la chacra, que se ve desde la barranca, y las dos fuentes, la del parque y la de mármol de Carrara del laberinto de boj, que dan cuenta de otra época y del uso ornamental del agua, también forman parte de la muestra que se completa a partir de un sistema de códigos QR con textos sobre los usos del agua, tanto desde el punto de vista tecnológico, como del de las crónicas y la poesía. Una invitación a ahondar en el tema para volver a los artefactos con una mirada renovada.

El recorrido se completa con el “Proyecto Biosfera”, en el que Fargas trabaja desde hace 15 años. Una biosfera de policarbonato, transparente y hermética, estará suspendida con cables de acero en un lugar sin luz natural directa. En su interior, un ecosistema acuático con lentejas de agua, salvinias, camalotes y otras plantas que disparan preguntas, ¿cómo pueden sobrevivir ahí los organismos vivos?, ¿de dónde sale el oxígeno?, y nos pone a pensar sobre el constante impacto de 7700 millones de personas, la fragilidad y las limitaciones de nuestro planeta. 

“El desarrollo tecnológico le permitió al hombre alcanzar un gran desarrollo de la civilización, pero, a su vez, esa misma tecnología aumentó su capacidad de daño y amenaza su propia existencia. Si se acaban los recursos naturales, el planeta continuará su vida, pero nosotros probablemente dejemos espacio a otras especies”.

JOAQUÍN FARGAS, artista contemporáneo.

“Había una vez un mundo sin canillas”, que tuvo en cuenta el marcado interés de los visitantes por el aljibe, el jagüel y los procesos de obtención y conservación del agua en la chacra en el siglo XIX, fue uno de los proyectos seleccionados por la Fundación Williams para el premio “Ensayar Museos” (2020). Una instancia que funciona como acelerador de ideas y les permite a los museos, a partir de una beca, desarrollar proyectos puntuales en formatos novedosos, relevantes, que generen impacto, y nuevos aprendizajes para el sector y su público.

+ El Museo Pueyrredón (Rivera Indarte 48, Acassuso) abre por el momento los fines de semana, de 14 a 18h. Con todos los protocolos sanitarios vigentes, cupo limitado y previo turno online. Entrada gratuita.

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