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FERNANDA GARCÍA LAO GUIÓ LA CITA DE JUNIO DE WORKSHOPS DE LETRAS

Un encuentro mensual de sábado por Zoom con destacados escritores

La escritora desmenuzó la palabra y la coma, en un taller donde se leyó y trabajó la construcción de la ficción

Si algo tuvo el taller de Fernanda García Lao, en la cita del mes de junio del ciclo Workshops de Letras, fue eso, el ambiente de taller, sacando punta al lápiz, con lecturas en voz alta y mucho de tachar y borronear los textos. Tres horas, de 16.30 a 19.30, por la plataforma Zoom y con 18 participantes que ayer se subieron a “Modos de empezar un relato” con el overol puesto y del otro lado de la pantalla.

“Desde el inicio del ciclo, la meta fue contar con una camada de autores destacados, con voces muy personales y actuales, y vocación por la enseñanza para que esta experiencia efectivamente abra una clara posibilidad de adquisición de nuevas herramientas narrativas”.

ELEONORA JAUREGUIBERRY, subsecretaria general de Cultura de San Isidro.

Y de la primera parte dedicada a la lectura y análisis de fragmentos de algunos textos, como “No doy así”, de Kjell Askildsen, “El país del humo”, de Sara Gallardo, “Cuentos completos”, de Lydia Davis, y “La obligación de ser genial”, de Betina González, a la palabra de García Lao, siempre en tono de sugerencia.

“No hace falta y es imposible identificarse al 100 por ciento con la voz construida, que debe tener su verdad y hay que lograr instalarla. La metamorfosis de Kafka arranca con algo muy improbable, que nunca se nos dice cómo corno pasó y, sin embargo, lo damos por válido. Se crea un pacto de lectura. Además ¿Quién no ha despertado alguna vez siendo un bicho?”, pregunta la autora de “La perfecta otra cosa” (tercer lugar del Premio Julio Cortázar de novela corta), “Vagabundas” (finalista del Premio Letra Sur de Novela), “Fuera de la jaula” y “Nación Vacuna”. 

Directa, sin rodeos, García Lao dice que escribir tiene mucho que ver con la necesidad, pero también con el deseo, “si no se lo tiene, dedícate a otra cosa, hay un montón de cosas bellas para intentar”, y recalca la importancia de pensar el taller no como una clase magistral, sino como “algo que huele más a carpintería, a tijeras, a romper y, también, a diversión. La solemnidad es una farsa, una máscara, si a uno le interesa la escritura también le interesa el juego, la risa y el espanto”.

Ver lo que sobra, lo redundante, quedarse con lo específico, lo estrictamente necesario, identificar riquezas dentro de las zonas del texto, “porque a veces alimentamos criaturas que no nos interesan”. También habla de la escritura en coautoría y con corrección mutua con Guillermo Saccomanno, su pareja. “El me pedía carne. Es todo hueso, me decía, y yo le respondía sobre su texto, muy explicado. De las diez líneas suyas, yo dejaba cinco, y de las cinco mías, me pedía cinco más. Ser leído por el ojo contrario es una práctica interesante”.

La seleccionada por la Feria Internacional de Libro de Guadalajara de 2011 como uno de “Los secretos mejor guardados de la Literatura Latinoamericana” desmenuza cada palabra y cada punto. Del otro lado, se borra. La carpintería, el rastrillo. “Cuando escribimos breve es relojería pura, porque cada palabra tiene que ganarse su lugar”, dice en medio de la lectura. Un duelo, una planta extraña, un gato filósofo y tantas historias como participantes. ¡Está bárbaro, a confiar!, alienta. “Me gusta esa narradora extraña. Tirás frases muy potentes, confía en el salto, en la elipsis”, invita.

“No escribo ficción habitualmente, pero hace poco me interesé en ese tema. Me gustó que haya una iniciativa de escritura creativa a nivel municipal. ¿Qué me llevó?, eso de que un cuento es una urgencia, una herida no cerrada que quiere ser contada”, expresa Florencia Echevarría (31), de San Isidro y licenciada en Ciencias de la Comunicación. 

“Hubo una frase de Fernanda que me encantó: El escritor como el guardián de lo posible. Me parece que condensa perfecto la tarea y el desafío de quiénes escribimos”, dice Martina Vidret (23), de Saavedra (CABA), estudiante de Psicología y coordinadora del Premio Itaú de Cuento Digital.

Sobre el final, García Lao sugiere entrecruzar pasado y presente, emociones, acciones y diálogos para que el lector sienta que el universo narrativo está compuesto de distintos elementos. “Que el texto nos obligue a ser lectores activos, porque viene saltando y si yo no salto, me suelta y me caigo”, acota, esperanzada con que los participantes puedan imaginar esta experiencia como algo enriquecedor, que se prolonga y deja sombra.

+ Para ir agendando: el sábado 17 de julio, de 16.30 a 19.30, Félix Bruzzone y “Los duelos eternos”. Con cupo limitado, costo de $800 e inscripción en workshops@sanisidro.gov.ar

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