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LUIS CHAVES LEYÓ Y PENSÓ SUS POESÍAS EN LA SEGUNDA CITA DE LEER

El destacado poeta y narrador ofreció ayer una charla gratuita en torno del amor en su obra y en la vida

La poesía se instaló en la segunda cita de la feria Leer con el costarricense Luis Chaves del otro lado de la pantalla

De las novelas de María Dueñas al mundo poético de Luis Chaves. La segunda cita de la feria Leer nos encontró ayer con este poeta, narrador y cronista costarricense en una charla gratuita, “El otro lado del desamor”, por Zoom, moderada por la periodista y poeta Ivana Romero, y en la que hubo poesía pensada y leída en voz alta por el protagonista. Organiza la Subsecretaría General de Cultura de San Isidro, con el apoyo de Seguros SURA Argentina.

“Este festival extraña ese famoso abarrotamiento de mucha gente y el contacto directo con los autores, pero en este modo online gana en universalidad con una amplia audiencia que, empezando por San Isidro, nos está siguiendo desde distintos puntos de la Argentina y del mundo”.

ELEONORA JAUREGUIBERRY, subsecretaria general de Cultura de San Isidro.

“Uno sigue escribiendo porque está buscando algo que no encuentra”, dice de entrada Chaves, que en marzo de 2020 llegó a nuestro país para presentar su último libro “Vamos a tocar el agua” y ser parte de Leer, suspendida por la pandemia. Pero hubo revancha y Chaves habló de todo. Dijo ser admirador de Bob Dylan, que la poesía en verso libre tiene una música que no es la métrica, pero que “a lo largo de toda una obra se reconoce la música del autor por su respiración, cadencia, y su forma de decir, que al final es música también”, y que le cuesta asir el tema del amor en sus textos.

“Tengo miedo a lo cursi y melodramático, y lo que tal vez hago es no nombrar al amor. Lo abordo desde lo que está a su alrededor, cerca, del reverso, desde lo que sería la indiferencia. Esto nace de una imposibilidad mía y de hasta un acto de autocensura”, aseguró.  

El ganador del Premio Nacional Aquileo Echeverría por su libro de poesía “La máquina de hacer niebla” también se refirió a “Falso documental”, que reúne su magnífica obra poética. “Volver a leer todo eso fue ver a esa persona que uno fue en cada momento de la vida, lugares, sensaciones, la casa en la que vivía, cómo me veía yo, mis contradicciones y mis convicciones que luego, con el tiempo, muchas veces nos damos cuenta que en realidad eran prejuicios”.

¿El amor también está habitado al final del amor? ¿Hay algo de eso en tu poesía?, preguntó Romero. “Tiene que ver con lo que está al lado del amor, y lo que está al lado es el final. No hay un texto que haya escrito en medio del amor, incluso si lo pienso en términos de amor con mis hijas. Siempre el detonador fue algo grave, crítico, no fue un momento radiante, luminoso. Es difícil escribir en la felicidad, a mí me cuesta”.

También habló de la beca artística que lo llevó a vivir un año en Berlín con su esposa y sus dos hijas, donde escribió la crónica “Vamos a tocar el agua” y donde la familia, con un clima y un idioma adverso, “se unió como una célula en un acto de amor y supervivencia”, de su pequeño bunker, “donde escribe con la licuadora sonando al lado”, y de que aprovechó la pandemia para terminar de editar un libro de poesía que saldrá pronto en su país y en Chile.

Le respondió al público que es poco metódico y disciplinado para escribir (“sí, tengo períodos en los que hay algo que me mueve a buscar esos espacios para escribir”), que fue dejando de lado la efervescencia y el desparpajo con los que escribía en los primeros años y que se fue haciendo menos autoindulgente y se entrega a largos procesos de revisión. También eligió poetas que le gustan mucho. “Digo tres, pero en un rato te puedo decir otros tres y así. Es inacabable. Además, podríamos pensar que la poesía no es solo lo que aparece en un libro de poesía… Pero vamos con tres que hoy leímos en una clase, José Watanabe, Anne Carson y Kenneth Rexroth”.

¿En qué momento sentiste que encontraste tu propio ritmo para escribir?, le preguntaron. “Estoy buscándolo. Siempre queda una insatisfacción, que también es necesaria. Hay una frase bellísima de Szymborska que dice: Prefiero el absurdo de escribir poemas que el absurdo de no escribir poemas”.

El cierre lo encontró leyendo textos de su libro “Chan Marshall” y su poesía “Ringside”, publicada en 2000 en “Historias Polaroid”, en la que aparece un niño mirando junto a su padre una de las peleas entre Mohamed Alí y George Foreman. “…Años después comprendí que ese fue mi encuentro inicial con la poesía. Entre el quinto y sexto round papá bajó su guardia por primera y última vez, y sin dejar de ver la tevé dijo: No me iba a casar con su mamá, aunque usted ya había nacido, estaba enamorado de otra. En el álbum familiar tengo un viejo fotoposter de Alí justo cuando noqueaba a Foreman en Zaire. Es mi foto preferida de mamá”.

“Yo era muy pequeño, tenía cinco años, pero sí lo entendí y me quedó grabado para toda mi vida. Hay dos ausencias ahí, la de esa madre que no está presente y la de esa otra mujer de la que estaba enamorado mi papá. La belleza de ese hombre admirado por mi papá que parecía bailar en el ring y esa otra desolación de la ausencia. Tal vez –concluyó-, eso sea de lo que se hace la poesía”. 

+ Leer cerrará hoy, a las 18, con el conversatorio “Amor, angustia y protocolo” entre Alexandra Kohan y Martín Kohan, moderado por Víctor Malumián. Un video estreno por las redes sociales San Isidro Cultura (IGTV, Facebook y Youtube).

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