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GUSTAVO POSSE: “EL ÁREA DE CULTURA ES UN INSTRUMENTO DE NAVEGACIÓN DE NUESTRO GOBIERNO”

En Primera Persona: Gustavo Posse, intendente de San Isidro

Una charla mano a mano con el intendente sobre la gestión cultural, de la celebración por los 300 años de San Isidro al presente, y algo más

Se sienta en la cabecera de la larga mesa, a tres sillas de distancia. Los ventanales del despacho están abiertos y mantienen la circulación del aire que viene del exterior. Tiempos de pandemia, de cuidar los espacios de trabajo. La charla arranca y, enseguida, retrocede en el tiempo, a octubre de 2006, cuando San Isidro celebró sus 300 años de vida. Un año que marcó el inicio de una gestión cultural, la actual, que con una agenda anual muy intensa fue creciendo, adaptándose, torciendo rumbos para ser más eficiente. El intendente Gustavo Posse sonríe al recordar el inició de ese calendario anual de 2006 colmado de festejos.

“La idea era festejar a lo largo de todo el 2006 y en pleno diciembre de 2005 no encontrábamos el evento con el que podíamos dar inicio a ese calendario anual tan importante hasta que, finalmente, como el CASI inauguraba su temporada de pileta, arrancamos con eso. Todo, realmente todo, fue una excelente excusa para festejar todo el año y en todas las localidades. Encontramos y diseñamos muchísimas y excelente excusas hasta llegar a un cierre descomunal en el hipódromo, con un coro de 1400 vecinos en escena, un montón de intendentes, el gobernador bonaerense de aquel entonces, concierto de La Porteña Jazz Band y 100.000 personas en las tribunas. La participación vecinal en esa agenda anual fue constante, hubo mucho consenso, participación de clubes, entidades barriales, colegios, la Iglesia, sociedades de fomento. Hasta el lugar para hacer ese cierre fantástico fue elegido por los vecinos”.

El alcalde se entusiasma con ese recuerdo de los 300 años, del cronograma de celebraciones, de esa modalidad de llevar al terreno una fiesta anual surgida de un concurso municipal de propuestas y de la actual gestión cultural, liderada por Eleonora Jaureguiberry, quien justamente fue la ganadora, junto con Santiago Chotsourian, de aquella convocatoria oficial. 

-¿Cómo fue la decisión política de apoyar, desde entonces y hasta ahora, una agenda cultural tan intensa, de todo el año y en todo el territorio?

-Siempre hay que evolucionar. Nosotros no estamos en la gestión para hacer pases cortos, como diríamos en el fútbol, y asegurarnos simplemente de que las cosas se mantengan. Las decisiones en la función pública deben estar orientadas a convertir las acciones en bienes sociales. Es lo que ocurre con la agenda de Cultura que, siempre en consenso con los vecinos y estando muy atentos a nuestros relevamientos y mapeos de lo que ocurre en cada barrio, se va ampliando, renovando y enriqueciendo. Así, cada una de esas iniciativas se transforman en bienes sociales de los sanisidrenses y también de muchísimas otras personas que, siendo de otros distritos, nos acompañan, como por ejemplo ocurre con el festival Parador Konex en San Isidro, que disfrutan muchísimos jóvenes de la ciudad de Buenos Aires. 

-La gratuidad de la agenda cultural es un concepto central, ¿por qué?

-Eso es la democracia real, la democracia real es poder brindarles a los vecinos las condiciones y herramientas necesarias para que cada uno pueda desarrollarse libremente. Pero no es solo la gratuidad, también es la cercanía de los eventos culturales y de los cursos y talleres de las Casas de la Cultura distribuidas en todas las localidades, con una oferta para todos los gustos y edades.

 -Transitar por San Isidro, el barrio que sea, significa toparse con alguna obra de arte en el espacio público, ¿qué reacción te provoca eso?

-Es maravilloso, un privilegio que tenemos todos los sanisidrenses. Eso fue producto de la evolución en la forma de pensar las ciudades y mucho tuvo que ver en esa transformación el área de Cultura, en pensar cada una de las localidades como una marca/ciudad. Cultura y Urbanismo en un punto se tocan, trabajan a la par y el resultado es la posibilidad de vivir en ciudades más habitables, sustentables, armoniosas y bellas. Un claro ejemplo es la rotonda de las Avenidas Márquez y Rolón, donde se dio la llamada segunda fundación de San Isidro, en 1926, cuando el Jockey Club compra las tierras de lo que hoy es el hipódromo, un pulmón de verde de 330 hectáreas sobre cuatro avenidas, rodeado de construcciones de baja altura y densidad. En esa rotonda se produce en 2015 el primer encuentro entre Cultura y Ciudad al construirse no solo un reservorio de enormes dimensiones para evitar inundaciones, sino que además, en un lugar central, se emplazó la escultura de una yegua con su potrillo al pie, todo un símbolo de vida y también de la actividad hípica, que es una de las más importantes del distrito.

-Algo similar ocurre con la escultura Colibrí.

-Exactamente, en un lugar muy alejado del epicentro de la ciudad, en el Bajo Boulogne, aparece la escultura Colibrí. Antes, cuando los vecinos del Barrio San Isidro querían indicarle a alguien cómo llegar a sus casas daban como referencia al cementerio, ahora te dicen: Cuando llegas a Panamericana y Camino Morón, donde está el colibrí, de ahí tantas cuadras para un lado o para el otro. Esa obra es símbolo de esperanza y reafirma la identidad de un barrio y su localidad. Y la misma sensación de satisfacción tengo cuando paso por los túneles con murales. San Isidro es el distrito del conurbano con más pasos bajo nivel, desde algunos chicos hasta otros muy importantes como el último que inauguramos, el de Sarratea, en Boulogne. Un túnel sirve para salvar vidas y ayudar a darle a los vecinos una mejor calidad de vida, pero si además de ese aporte valiosísimo le sumamos que cada vez que los transitamos, sea en vehículo o a pie, vivimos una experiencia artística, mucho mejor.

-Sin que otros festivales se pongan celosos, ¿cuál es el que más te gusta?  

-El de Cine y Música, es único, una hermosa locura de Eleonora. Un proyecto apasionante que nos permite ver películas universales y mudas con orquestas en vivo, que musicalizan para ese momento, es asistir a una avant premier. También disfruto mucho del Carnaval, que recuperamos con el área de Cultura en 2012, porque me permite tener un contacto muy cercano con la gente. Hoy cada murga es una peña cultural que trabaja todo el año haciendo un enorme trabajo artístico y también social, sacando a los chicos de la calle. Es otra forma de integrar, de involucrar a las familias, porque si algo tiene nuestro Carnaval es la participación de las familias.

El intendente termina su café y se relaja, pero no mucho. La charla se entrecorta por varias llamadas telefónicas. Tiempo de pandemia y la labor se multiplica. Vuelve a la mesa y se acomoda en la cabecera, responde sobre cómo trabaja con el área de Cultura, pero desde adentro, desde la intimidad, y asegura que es cierto que cada vez que Eleonora Jaureguiberry le acerca un nuevo proyecto él contesta: Vamos para adelante y, si no funciona, el año que viene no lo hacemos. Una forma de gestionar sin miedo al fracaso, más pensado en avanzar y en rectificar sobre la marcha si es necesario, que en paralizarse y seguir en automático con lo que alguna vez dio resultado.

“Siempre la primera impresión es la que vale. Yo me guío mucho por eso y si no funciona, porque puede pasar, aunque no es lo más habitual, hacemos otra cosa. Es casi como un taller, nos sentamos acá mismo, los dos solos, y definimos qué y cómo hacerlo. Por supuesto que Eleonora es la especialista, la que marca el rumbo en la materia, y mi límite, por supuesto, es lo presupuestario, pero siempre trabajamos con costos realmente bajísimos para la enorme gestión cultural que llevamos adelante con un equipo muy acotado”.

La charla toma otros rumbos y se detiene en una obra urbanística que mucho tiene que ver con la historia, la cultura, los hábitos sociales y el patrimonio de los sanisidrenses, la remodelación de la Plaza Mitre, frente a la catedral, lugar fundacional del pueblo y núcleo central del casco histórico. Una tarea ya iniciada con la conformidad de la Comisión Nacional de Monumentos.

“Siempre llevamos adelante obras de mantenimiento en la plaza, pero hay que entender que fue un espacio que no fue diseñado en su momento para el alto tránsito que tuvo muchísimo tiempo después, y menos en que iba a ser sede de una feria de artesanos muy convocante. Hoy tiene problemas estructurales, como una fractura a la altura de las escalinatas, y se hizo necesario comenzar con un ambicioso plan de recuperación que tomará como referencia el período 1930/1950 y le devolverá al paseo, declarado Lugar Histórico Nacional, la misma imagen que tenía en  esa época. En ese sentido, también trabajaremos en la preservación de los árboles, de unos 120 años, y de qué manera vamos a evitar que las raíces de esos ejemplares tan añosos y altos no dañen los pisos. Es una obra atada a las restricciones de la pandemia en el sentido de las demoras que podría haber en la entrega de los materiales de construcción, pero que esperamos terminar en tiempo y forma, y que inauguraremos con enorme alegría ya que se tratará de un hito para la gestión desde lo histórico, social y cultural”.

-Hablando de pandemia, San Isidro pudo realizar algunos festivales y hoy ofrece cursos en esa modalidad y recibe visitas en los jardines de sus museos, ¿cómo fue posible toda esa actividad sin que se hayan producido brotes ni contagios? 

-Todo lo que llevamos adelante lo hacemos cumpliendo los protocolos sanitarios vigentes y en consenso con los vecinos. Tenemos un área específica que trabaja los protocolos de cada una de las actividades presenciales. Abrirse a algunas acciones presenciales demanda, por supuesto, mucho más esfuerzo y trabajo que optar por el cierre, pero nosotros siempre tratamos de mejorar y el área de Cultura es un instrumento de navegación de nuestro gobierno. En cada una de las acciones culturales, nuestros vecinos y los que nos visitan de otros lados cumplieron muy bien con esos protocolos y los respetaron a rajatabla. De ese modo es posible.

El alcalde cita estudios y estadísticas que ubican a San Isidro en un lugar de privilegio, y habla de un trabajo reciente que evaluó el Índice de Accesibilidad al Progreso, entre 600 ciudades de la Argentina.

“Se tomaron en cuenta la cantidad de personas que terminan el secundario, que se gradúan en la universidad, que aceden a los servicios de salud, que tienen cloacas y agua corriente. Todos esos datos dan un índice de accesibilidad del progreso y San Isidro se ubicó segunda, detrás de la ciudad de Mendoza. Tenemos muy claro –remarca Posse- que la educación y el acceso a los servicios culturales son factores centrales en el desarrollo de una comunidad y, en ese sentido, estamos muy bien posicionados”.

Hace hincapié en ofrecer posibilidades concretas de formación, de desarrollo, de la importancia de acompañar al vecino desde la gestión. En eso estaba cuando recordó el día que abrió el teléfono y se encontró, para su sorpresa, con que el grupo Triciclo, ganador de la primera edición del concurso San Isidro Te Escucha para bandas de música, locales y emergentes, estaba participando de un multitudinario festival en Shangai.

“Yo había estado un año y medio antes con esos chicos cuando dimos a conocer el resultado del concurso en la Casa de la Juventud, y me estaba enterando que ya habían despegado y estaban tocando en un festival muy importante del otro lado del mundo. Fue fantástico –asegura-. Eso es lo que hace Cultura, acompañar y ofrecer a los vecinos posibilidades de formarse, crecer y trascender”.

-Acaba de inaugurar Cultura una nueva página Web, ¿qué le pareció?

-Es una página muy interesante y tiene que ver con esto de facilitar la accesibilidad, de acompañar y llegar a todos los vecinos. Esto se ve claramente con los cursos y concursos de Cultura que tienen inscripción online para agilizar y hacen más amigable nuestra relación con la gente, sobre todo con nuestros vecinos. San Isidro siempre estuvo a la cabeza en materia tecnológica para estimular y facilitar el contacto con la comunidad, pero la pandemia nos obligó a redoblar los esfuerzos y a darnos cuenta de que podíamos ser mucho mejores todavía. 

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