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ELEONORA JAUREGUIBERRY, SUBSECRETARIA GENERAL DE CULTURA DE SAN ISIDRO

En Primera Persona: entrevista a la subsecretaria general de Cultura de San Isidro

“Sin duda, hay algo del bienestar de una comunidad que no se termina de resolver sin cultura”

En la casona de la Avenida del Libertador al 16.000 que alberga a la Subsecretaría General de Cultura de San Isidro y desde donde por las ventanas se filtra la silueta de la catedral, Eleonora Jaureguiberry, responsable del área, se apresta para cerrar un 2021 que más allá de lo complejo dejó algunas buenas señales. Habla de aprendizajes centrales que impactaron en su gestión, de la cultura como herramienta para darle sentido al dolor profundo y colectivo de estos tiempos y de cómo, pese a las restricciones, pudo cumplir con uno de los objetivos centrales de sus políticas: seguir estando muy cerca de los vecinos.

“Empezamos el año con aperturas, en el otoño volvieron las restricciones y llegamos al final con varias e importantes actividades presenciales. Entre todos esos vaivenes, la oferta online, muy intensa, que llegó en 2020 para quedarse. Sin embargo –dice la funcionaria-, más allá de los contratiempos, nos las hemos ingeniado para seguir en contacto estrecho con la comunidad, propiciando esta conversación eterna con nuestra gente y reafirmando esa sensación tan linda de saber que tenemos un público muy fiel a lo que hacemos. Algo que se vio muy bien reflejado en los últimos festivales del año que tuvieron una asistencia de público sin precedentes, entre Jazz y Más, Bocas Abiertas con más de 40.000 personas y Cine y Música que convocó a 4000 espectadores. Además, como cierre de nuestra agenda anual, el tradicional concierto de villancicos que al pie de la catedral reunió a más de 1500 personas y tuvo pasajes realmente conmovedores”.

Ahora, pese a sentir una incertidumbre similar a la que marcó el inicio de este año por el actual desarrollo de la pandemia, la funcionaria diseña y última detalles del primer segmento de 2022. Una agenda sin pausa, gratuita y de enero a abril. “Volvemos con todo”, afirma con entusiasmo y enumera: el tradicional calendario de Verano en San Isidro, que llegará con distintos espectáculos a las plazas de los barrios, el Carnaval de Boulogne, el Parador Konex en San Isidro, la Feria Leer y El Camino del Santo, de música clásica, en Semana Santa.

-¿Cuál fue el aprendizaje más importante que te dejó la pandemia como gestora cultural?

Soy una persona estoica y tengo un costado ineludible de hacer cosas con lo que hay. Esta gestión tiene mucho que ver con ese rasgo que no es de ahora, sino de siempre: el de hacer de la necesidad una virtud. De algún modo, ese aspecto de mi personalidad y el afán por investigar y ver todo el tiempo qué está pasando en otros lados producto de mí formación se pusieron en juego y acentuaron con la pandemia. Hacer lo máximo posible con lo que tuvimos a mano en un contexto inédito para todos creo que fue uno de los grandes aprendizajes de estos tiempos. 

-En todos los órdenes de nuestra vida lo virtual se impuso con fuerza durante la pandemia, ¿cómo funcionó esa modalidad en la gestión?

-Como equipo nos permitió hacer muchas conexiones con otros equipos, tanto a nivel nacional como internacional, y sumar a nuestras actividades mucho público de otras zonas del país y del exterior. Por otro lado, por supuesto, nos restó el encuentro in situ, tanto en el trabajo de puertas adentro como el contacto estrecho con nuestra comunidad. Pero reitero, nos sumó una audiencia y una conversación internacional muy importante que contribuyó mucho a nuestra formación y a repensarnos una vez más, algo que claramente no es menor.

La pandemia cerró puertas, pero abrió muchas otras. Jaureguiberry elige el lado positivo y le aparece una sonrisa cuando habla de los tres premios municipales, el Manuel Mujica Láinez (literatura), el Kenneth Kemble (artes visuales) y San Isidro Te Escucha (música).

“Fueron uno de los grandes logros de este año, el Kemble con 387 proyectos, el Mujica Láinez con 5577 cuentos recibidos y San Isidro Te Escucha que evaluó a casi un centenar de propuestas musicales, tanto de solistas como de bandas. Así, los jurados de las tres convocatorias tuvieron un trabajo enorme y muy duro por la cantidad y la calidad de las propuestas artísticas. También le fue muy bien a la Feria Leer, con una edición virtual que convocó a asistentes del mundo entero, como residentes en Asia, y al ciclo Workshops de Letras que este año volvió en formato online con presencia de grandes escritores y escritoras”.

Algo similar ocurrió con los cursos y talleres de las Casas de la Cultura que en su centenar de propuestas virtuales, más allá de la oferta presencial e híbrida (que las hubo y en gran cantidad), convocó a muchísima gente fuera de San Isidro que no hubiera podido participar de otro modo. Una muestra evidente se dio con los cursos de idiomas, que alcanzaron un número récord de alumnos. Modalidades en las tres variantes que seguirán vigentes en 2022, se anunciarán este febrero con lujo de detalle y saldrán al ruedo en marzo/abril.

“Otro aspecto que desencadenó la pandemia fue una colaboración sin precedentes entre las distintas áreas del gobierno municipal. Nunca trabajamos tanto con otras áreas como en estos dos años. Todos los recursos municipales se invirtieron en la atención de la pandemia y mucha de nuestra gente fue a colaborar a los call centers para el seguimiento de los infectados y a los vacunatorios, pero esa colaboración también se dio con claridad a nivel secretarios de gobierno. La emergencia obligó al municipio a realizar un trabajo extra y descomunal para que la ciudad siguiera funcionando y crear oportunidades seguras en las aperturas de las distintas actividades. Fue un trabajo muy codo a codo de todos los secretarios que terminó siendo una experiencia verdaderamente enriquecedora para todas las áreas y que nos ayudó a entender mucho mejor cómo funciona el gobierno de un modo global”.

-¿La pandemia te reveló algo de los artistas que desconocías? 

-Los artistas son muy resilientes y generosos, y como buenos artistas siempre desean, esperan y trabajan para esa mirada del público en la que nosotros, expertos en generar audiencias y condiciones para que ese arte se exprese del mejor modo, trabajamos tanto. Pese a que la pandemia provocó una caída brutal del presupuesto de Cultura, la cercanía con los artistas no se alteró, al contrario. Muchos y muchas artistas trabajaron el año pasado con nosotros a pesar de los números en baja, y este año, si bien la situación mejoró algo, también. Estas vacaciones de invierno, por ejemplo, fueron animadas en forma online por los artistas locales a partir de contenidos y proyectos generados con nosotros. La pandemia me confirmó no solo su resiliencia, sino también su enorme generosidad y compromiso, algo por lo que les voy a estar siempre muy agradecida.

Un 2021 que, como en 2020, fue todo un desafío para los Abuelos de Cuento que se capacitaron en herramientas tecnológicas. “Se lanzaron con mucho ánimo y entusiasmo al Zoom, utilizaron como nunca WhatsApp y crearon un canal especial de YouTube donde subieron 140 videos y audios de cuentos y poesías, además de juegos del lenguaje, que fueron muy descargados y útiles por las escuelas. Con los cocineros también trabajamos muchísimo, en 2020 con el festival Bocas Abiertas Take Away y este año con el regreso de esta gran fiesta gastronómica al tradicional Centro Municipal de Exposiciones. Los músicos, como dije, también volvieron a los escenarios en el festival de jazz, que tuvo el apoyo de BBVA, y al de Cine y Música, que como siempre contó con la colaboración del Grupo Asegurador La Segunda, y la plaza 9 de Julio de Martínez se volvió a colmar con la milonga de tango y los encuentros de folclore y salsa. Realmente, fue un año de mucho, mucho trabajo”.

-La Casa de la Juventud también tuvo un año ajetreado y provechoso.

-Totalmente, le dio continuidad al programa Puente Aéreo Cultural (P.A.C.), que lleva adelante con el Ayuntamiento de Madrid y consiste en un intercambio virtual y en varias disciplinas entre artistas españoles y jóvenes estudiantes de nuestra Casa. Además realizó una inmensidad de cursos online, luego volvió a lo presencial y hace poco hizo su muestra de fin de año. Cuando no pudo hacer exposiciones de artistas en su galería, organizó muestras virtuales, nunca se cruzó de brazos. Allí todo fue puro corazón, con chicos que ensayaban cada uno en sus casas para luego ensamblar las canciones en modo virtual. Un trabajo profundo y con una población indudablemente más amigable y acostumbrada al uso de herramientas digitales, a diferencia de los Abuelos de Cuento que hicieron un esfuerzo extra muy importante para estar a tono con el contexto. 

-¿Fueron dos años que sirvieron para que la gestión viviera un gran proceso de transformación y aprendizaje?

-Exactamente, pero lo más destacable es que durante ese camino de cambio siempre mantuvimos nuestros valores más profundos: no perder el contacto con nuestra comunidad, seguir generando contenidos significativos, importantes, originales y relevantes, continuar escuchando a nuestros artistas para darles oportunidades válidas de lucimiento y de contacto con su audiencia y también no perder nunca de vista el concepto del valor de reflexionar sobre nuestro hacer y sobre nuestra ciudad todo el tiempo.

Un claro ejemplo de volver la mirada renovada hacia adentro se da en la Quinta Los Ombúes, que está trabajando sobre un guión vinculado con la historia de la ciudad. “Trabajar con los distintos actores que van armando el rompecabezas de nuestra historia nos provocó una enorme alegría y el resultado de esta iniciativa, sin duda, impactara en otros aspectos de la gestión”.

Por otro lado, durante la pandemia el Museo del Juguete cumplió 10 años y trabajó sobre su legado hasta el presente, y también pensando en el futuro. “Este museo está incorporando espacios nuevos y actividades nuevas para esos espacios, y también siguió desarrollando iniciativas como la Carrera de Autitos a Piolín, en colaboración con el San Isidro Automóvil Club (SIAC), que da cuenta de la sensibilidad de sus equipos técnicos para organizar actividades que tienen tanto de simples como de profundas y alto impacto”.

Además, en la senda de las buenas señales, el Museo Pueyrredón se dio el gran gusto de obtener por segundo año consecutivo el premio Ensayar Museos, de la Fundación Williams, para proyectos en formatos novedosos y relevantes que generen impacto en los museos y sus comunidades, y ofrezcan nuevos aprendizajes para el conjunto del sector.

“La distinción 2020 ya es una realidad a partir de la ampliación del guión sobre los usos del agua en el siglo XIX, un tema de enorme vigencia, y la de 2021 estará vinculada con la iniciativa Manos en la tierra que propone continuar de manera sistemática con los trabajos arqueológicos iniciados en el museo en 2019 y armar allí una especie de laboratorio de arqueología abierto para generar un espacio de intercambio y reflexión entre el público, nosotros y el Centro de Arqueología Urbana (CAU) de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (UBA). Se trata de un programa educativo abierto a todo público y muy especialmente a las escuelas, que esperamos vuelvan en tropel a nuestros museos. Un público que hemos perdido en los dos últimos años, pero que vamos a recuperar en 2022 y por el que nos hemos estado preparando todo este tiempo para recibirlos del mejor modo”.

-¿Habrá novedades en Central de Procesos?

-Vuelve en marzo con Ernesto Ballesteros, un artista contemporáneo que admiramos mucho. La línea sincera durará lo que duren los lápices, que son 1400, nada menos. No podemos adelantar más, salvo que será una experiencia inolvidable. Ya estamos en etapa de montaje y a partir de marzo recibirá a escuelas, a chicos y a grandes, a gente del arte y a gente ajena al arte. En todos los casos, habrá que estar muy dispuesto a disfrutar del arremangarse y largarse a hacer cosas.

-La Feria Leer, a la que le bastaron un par de ediciones para convertirse en un encuentro trascendental para lectores, escritores y editoriales, se realizó este año en modo virtual, ¿cómo vuelve para 2022?

-Vuelve presencial y con todo, con una nueva puesta en escena y con un tema que atrapa desde el vamos: Letra y música. La invitación es a reunirnos para hablar de la relación entre literatura, poesía y música. Por razones obvias, no tendremos invitados internacionales como otras veces, pero sí estará la Primera A de la literatura argentina. Tendremos un sector especialmente robusto para niños y niñas, muchos escritores y escritoras que cantan o tienen bandas y también, a tono con el tema convocante, va a haber una gran feria de vinilos. Estén atentos porque será una gran fiesta de las letras y la música.

-Puertas Abiertas y Puertas Adentro, y el ciclo de teatro Platea Abierta, no se pudieron concretar estos dos años, ¿los tendremos para 2022?

-Nuestra intención es que existan y poner en marcha nuestra programación habitual, pero vamos a esperar un poco más a ver qué ocurre con los lugares cerrados. Tenemos muy claro que la gente tiene muchas ganas de volver, pero ese retorno debe hacerse con sumo cuidado. Por supuesto que la agenda del verano es distinta por tratarse de actividades al aire libre, en plazas y parques. Hoy, decididamente, estamos enfocados en el verano que será a pleno, súper interesante y para todas las edades.

El año entrante también será momento de capitalizar lo aprendido en 2021 y, en ese sentido, lo ocurrido en La Sede, La Cava, en Beccar, cobra protagonismo. Allí, en un espacio totalmente remodelado, se pusieron en marcha este año talleres piloto de oficios para jóvenes, además de talleres en arte para niños y niñas. “El objetivo es generar un programa sistemático de capacitaciones en La Cava y también en otros barrios. Queremos seguir siendo un puente entre los empleadores y los jóvenes que capacitamos, que esta experiencia deje atrás frustraciones y posibilite salidas laborales ciertas y prontas. Vamos a invertir cabeza, corazón y recursos para que este programa llegue a más y más barrios”.

La inmensa mayoría de los alumnos logró conseguir trabajo y ejemplos de abrazar nuevos horizontes hay muchos, como el de Natalia Fraga que se capacitó en la Escuela de Camareros y ya está trabajando en el sector banquetes del porteño Hotel Four Seasons.

“La mecánica será la misma que en La Cava, trabajar y escuchar previamente en los distintos barrios a los referentes y empleadores para detectar las necesidades y así ofrecer una capacitación a la medida de cada lugar, siempre teniendo en cuenta las demandas del mercado. Como el Polo Gastronómico del Bajo necesitaba camareros, hicimos un curso de camareros, lo mismo con las peluquerías y los electricistas. Ahora –adelanta-, estamos empezando a investigar el rubro jardinería, que tiene poca gente trabajando y mucha demanda. La idea es ir generando una especie de círculo virtuoso, una bola de nieve de buenas prácticas que posibilite que las personas salgan al empleo con mucha velocidad.

Ya cerca del final, Jaureguiberry reflexiona sobre cómo la pandemia afectó al sector cultural en general. Habla de algo paradojal.

“Por un lado, fue un sector muy castigado. Los museos del mundo, por ejemplo, incluidos los nuestros, sufrieron la baja de sus presupuestos y la falta de ingresos por haber estado cerrados. Esta situación provocó problemas de infraestructura y hoy es necesario levantarlos. En nuestro caso, esta tarea nos está costando, pero la estamos llevando adelante. Por otro lado, los artistas, sin distinción de disciplina, sufrieron mucho el encierro que afectó su ecuación económica. Su forma de subsistencia se perdió, literalmente. Sin embargo y paradojalmente, la gente consumió más cultura que nunca. Los artistas suelen ser muy vulnerables, muchos ni siquiera están en blanco y buena parte de la economía que se genera alrededor de las actividades culturales también está en negro.

“Creo que los que deciden no entienden el impacto de las actividades culturales en la ecuación económica global. Es imprescindible que se empiece a pensar en trabajar sobre legislaciones nacionales que tengan que ver con la libre circulación de obras de artes, con leyes de mecenazgo, con un nuevo modo de gravar las obras de arte, con estímulos para las industrias culturales y con el reconocimiento de los artistas en sus distintas disciplinas como trabajadores. Resulta fundamental potenciar el sector porque eso generará mucho más empleo, más visibilidad y más alegría para las ciudades. 

-Entonces, ¿cuál sería el rol central de los gestores culturales?

-La cultura siempre fue el pariente pobre de todas las gestiones, la que pide un favor para entrar en la foto, pero la pandemia demostró que debe ocupar otro lugar. Ahora nuestro trabajo tiene que ir cada vez más por ese lado, con sensibilizar y hacer consciente en los que deciden acerca de la importancia del sector, de la cantidad de plata que mueve, de la cantidad de bienestar y alegría que genera y del aporte en torno de la convivencia que puede significar para una ciudad o un país. Es clave pensar también en la importancia que una acertada política cultural puede representar para un territorio como marca y como recurso de turismo cultural, una de las grandes industrias en el mundo. Con la pandemia, me parece que todo esto quedó mucho más claro. Por un lado, nos puso de cara a la difícil situación de los artistas y, por el otro, nos clarificó acerca de la potencia e importancia del sector.

Las palabras se hilvanan sin preguntas. La funcionaria se entusiasma, analiza, bucea en un terreno que conoce a fondo y evita caer en el desánimo. “El arte es la pieza más significativa en la reconstrucción de un sentido al horror que estamos atravesando. Indudablemente, vamos a necesitar mucho arte y muchos artistas para no caer en la desesperanza”. Pensar la cultura como un sistema global, dejar las metas cortas y las miradas pobres. Para Jaureguiberry, ése es el camino.

“La cultura se la piensa del lado del adoctrinamiento, de la creación de un espíritu común y no desde el buceo de los espíritus distintos que pueden enriquecerse mutuamente. El gran desafío de las políticas culturales es asomarse a cabezas y corazones que no son los propios, volvernos más tolerantes y no convertirse en una excusa para la intolerancia. Debe estar al servicio de dejar atrás el blanco y negro para permitirnos empezar a ver a todo color, con más diferencias, más sutilezas, más detalles. Sin duda, hay algo del bienestar de una comunidad que no se termina de resolver sin cultura.


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