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MARÍA TERESA ANDRUETTO SE PUSO AL FRENTE DEL TALLER “EL CUENTO Y LA REVOLUCIÓN COPERNICANA”

EL TALLER SE REALIZÓ POR LA PLATAFORMA ZOOM Y EN EL MARCO DEL CICLO WORKSHOPS DE LETRAS.

“Donde nace una comunidad, hay un relato. Un relato es el comienzo de una comunidad”. Así inició la escritora María Teresa Andruetto la charla que ayer y en modo virtual ofreció en el marco del ciclo Workshops de Letras, de la Secretaría de Cultura y Ciudad de San Isidro. Un encuentro bajo el nombre El cuento y la revolución copernicana, que se desarrolló de 17 a 20 y convocó a una veintena de personas, en su inmensa mayoría mujeres y con experiencia en el campo de la escritura de no ficción.

“Antes de Copérnico, los cuentos tradicionales, los mitos y las leyendas eran contados en tercera persona omnisciente. Ese era el único modo ficcional de contar en la Edad Media, se contaba desde una mirada totalizadora sobre el mundo contado. Sin Copérnico y su descubrimiento no hubiera existido Don Quijote de la Mancha, porque quiebra la forma única de mirar el mundo, y sin Freud y el descubrimiento del inconsciente no existiría una escritura como la de Virginia Woolf o la de Joyce. Los modos de narrar se relacionan con los modos de pensar, con lo filosófico entroncado con los descubrimientos científicos, astronómicos. Nada está suelto”, dijo la ganadora del Premio Hans Christian Andersen 2012, considerado el Nobel de la literatura infantil y juvenil.

Para ella, en el cuento contemporáneo la mirada sobre lo contado y quién cuenta es casi más importante que lo contado, mientras que los asuntos no han cambiado con el tiempo: el amor, la guerra, la venganza, la hermandad, la búsqueda, la identidad…

“Cuando leemos un cuento escuchamos una voz que relata y aparece como un velo entre lo contado y el lector. Un narrador que vela y devela. Un lector se apasiona más por lo que lee mientras más tiene que trabajar su imaginario para coescribir lo escrito”.

MARÍA TERESA ANDRUETTO, escritora.

También habló de las características de los cuentos del género maravilloso “donde pueden ocurrir las cosas más horrible o extrañas, pero el lector no se asusta, sino que se asombra, son cuentos encantatorios” (recomendó La cámara sangrienta, de Ángela Carter, “para adultos y con una riqueza de lengua extraordinaria”), de los fantásticos, “que nacen en el siglo XIX como una reacción al racionalismo” (citó a Poe, a Cortázar, sobre todo Bestiario, y a Roger Caillois que decía que lo fantástico es la aparición de lo inadmisible en el seno de la inalterable legalidad cotidiana), y de los realistas.

Autora de más de 42 libros, de los cuales muchos fueron traducidos a varios idiomas, entre novelas, cuentos, ensayos, poesía y teatro, Andruetto invitó a dosificar la información (“César Pavese dice que en la página siempre tiene que quedar algo de lo no dicho”), repensar qué tipo de narrador necesita cada cuento para generar el efecto buscado y a tener claro, como decía Isidoro Blaisten, que la novela es pescar con red y el cuento es pescar con anzuelo. “El cuento es un recorte de mirada, algo breve y focalizado en el asunto, eso que yo llamaría la escena. Una escena que contiene y condensa una historia completa, una vida o unas vidas, una escena desde la que al contar se puede ir hacia atrás y hacia adelante, un ir y volver siempre al encuadre de la escena”.

Y habló de una escena que disparó a su cuento Un hombre viejo a la orilla del camino, cuando se detuvieron con su marido en un semáforo y un hombre viejo, mal vestido y con la pierna hinchada les hizo dedo. Y ahí las preguntas, ¿por qué está solo? ¿tiene hijos? ¿viene de un hospital? ¿hacia dónde va?

Tengo la escena… ¿y ahora? “No puedo empezar verdaderamente la escritura hasta no tener al narrador, que es la conciencia y la ideología del relato. Cada narrador habla de lo que narra según quién es y, desde Freud para acá, al menos, quien narra habla más de sí que de lo que narra, porque en lo que dice y en el modo que lo dice transparenta su ideología, su edad, su condición social, sus sentimientos, su procedencia geográfica, la época en la que vive o vivió.”

“Narrar es vaciarnos de nosotros y darle la palabra a algún otro, una voz que debería tener la singularidad de lo humano”.

María Teresa Andruetto, a cargo del Workshop de Letras de junio.

También se refirió al tono y la intención de ese narrador, ¿cuenta con asombro?, ¿con alegría?, ¿con resentimiento?, ¿con sed de venganza? “El tono sería la emoción que embarga a esa voz narrativa mientras cuenta lo que cuenta”, dijo y puso como ejemplo Bienvenido Bob, de Juan Carlos Onetti, narrado desde el resentimiento y el fracaso del narrador.

“La lengua es mía, pero también es de cada uno de nosotros, es un bien social. Cada escritor trabaja con un material prestado que es la lengua de todos. Escribir es hacer una lengua privada con la lengua de todos. Cada palabra tiene una carga emotiva para nosotros que está hecha de esa memoria subjetiva y corporal que la lengua imprime desde el nacimiento hasta la muerte de cada uno de nosotros”.

María Teresa Andruetto, escritora.

Ante unas preguntas, la Tere, como la llaman en Córdoba, su provincia, respondió que en el proceso de escritura siente que el cuento nace de una imagen que ve, como una película, y va en busca de una voz. “Diría que un cuento es el camino desde la imagen a la voz”, aseguró para luego decir que corrige y ajusta mucho, y que lee en voz alta lo escrito. Luego citó a Piglia cuando habló de las dos historias que conforman un cuento.

“Hay una historia visible que es la escena, esa que se cuenta en detalle y sería la metáfora de la segunda historia, la sumergida, que ocurre en otro tiempo y lugar, y se narra con indicios para llevar al lector a inferir. Esa historia sumergida le da encarnadura al cuento, son esas marcas acá y allá que llevan al lector a trabajar y es la causante de esa escena, de ese momento bisagra. Ese momento crucial en la vida del personaje en el que debe optar por un camino o por otro, ese momento de tensión que genera el conflicto”.

+ El ciclo es coordinado por la escritora Camila Fabbri y se realiza habitualmente de modo presencial en la Casa Museo Alfaro, San Isidro.

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